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Los Filibusteros de 1890

La Compañía Inglesa en complot para anexar la península a USA

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 15 de junio de 2017
por Rafael González Bartrina

Mucho y tendido se ha escrito y hablado de los filibusteros de William Walker de 1853-54 y de la heroica intervención y defensa del patrimonio nacional que realizo Antonio María Melendrez Ceceña, autentico héroe bajacaliforniano. Hoy quiero compartirles una historia, poco conocida, de la que poco se escribe y menos se habla.

Se trata de los filibusteros de 1890.

Ya Ensenada había nacido y en plena infancia, llena de optimismo y de bonanza por el desarrollo colonizador, disfrutando de las amenidades del mundo moderno de aquellos 1880s. Crecía asombrosamente y su población cosmopolita parecía una utopía. El gobierno federal, a 3,000 kilómetros de distancia en un regimiento dictatorial de Porfirio Díaz se mantenía ocupado y sumamente distraído de la lejana Baja California.

Ya hacían más de 40 años de la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, que como botín de guerra nos causó la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio. Sin embargo, para nuestros vecinos, los americanos, su doctrina del “Manifiesto Divino” (expansionismo territorial) seguía vigente y, por supuesto, el paso normal y lógico era la Península de Baja California.

A diferencia de Walker, que incursiono violentamente con un montón de forajidos y mercenarios y a base de pólvora y plomo se adentró en nuestra comarca causando muertes y daños, intento, por ese medio, arrebatar de nuestra nación la península, ahora, en 1890 era el oro, la munición que cargaba los cañones invasores. Ahora, en 1890, en lugar de forajidos cuatreros eran forajidos bancarios. Ahora, en 1890, era la propia Compañía Inglesa y sus más altos funcionarios coludidos con los editores de periódicos de la California americana quienes reunieron una considerable cantidad de pesos oro, más de 100 mil, de aquellos tiempos.

El 8 de abril de 1890 hubo una reunión conspiratoria en el lujoso Hotel del Coronado donde se planeó la estrategia invasora. Se organizó el “gabinete” que gobernaría al triunfo, que se anticipaba, sin oposición. Se presentó la bandera de la futura “República de Baja California”

El coronel americano J. E. Mulkey ya había creado una organización, fallida, en 1888 llamada “ The Order of the Golden Field” (La orden del campo dorado) cuyo único propósito era la de “anexar” la Baja California al gobierno de las barras y estrellas. En 1890, aun, persistía en su objetivo y fue miembro fundamental es ente “nuevo” proyecto. Walter G. Smith editor del periódico “The Sun” había sido designado Presidente de la Republica de Baja California, Augustus Merrill seria el Comandante general, Bascom A. Stephens seria el Secretario General, quien de hecho redacto la constitución de la nueva república, Ranford Worthing como Tesorero general.

La razón del envolvimiento de la Compañía Inglesa en esta aventura tenía mucho que ver con la crisis interna que se vivía y que amenazaba con desastre financiero al no poder contar, ya, con el apoyo de profirió Díaz.

Todo quedó al descubierto el día 21 de mayo de 1890 cuando el periódico San Diego Union publico los detalles de la conspiración, Mencionaba el articulo los nombres de B. A: Stephens conectado con el periódico de San Diego el “Informante” cuyo director era Merrill, otro nombre era el del propio Mulkey. La Compañía Inglesa, decía el artículo, había prometido la cantidad de 100 mil dólares para patrocinar el objetivo. Otro de los involucrados era el Coronel Edward Hill. En Ensenada los conspiradores en jefe eran el mayor Buchanan Scott y el Sr. McQuilter, ambos funcionarios de la Compañía Inglesa.

Llegaron a Ensenada un inusual número de “peones” procedentes de California. Las bodegas de la compañía empezaron a recibir armas y municiones.

El artículo editorial del San Diego Union dejo al descubierto no tan solo los detalles internos de la sociedad de conspiradores. Expuso, y quizás con más consecuencias el hecho de que con motivo de una celebración de toda gala en el lujoso Hotel Iturbide de Ensenada, planeada con esa fecha y donde estaba programada la asistencia del entonces jefe político y comandante militar de Baja California Luis Emeterio Torres, su estado mayor, funcionarios y la más importante gente de la sociedad Ensenadense; se aprovecharía de la ocasión para capturar, quizás eliminar, a los militares y secuestrar y controlar a los demás importantes asistentes.

Todo se vino por tierra, afortunadamente, no corrió sangre, El Gerente de la compañía Inglesa fue llamado “urgentemente” a Londres y nada, nada paso. El gobierno de los Estados Unidos se disculpó oficialmente por medio del Sr. James G. Blain, Secretario de Estado. El Gobierno de Porfirio Díaz tomo, casi a broma los hechos. Nadie fue a la cárcel. No se castigó a nadie. Y la vida siguió tan campante como siempre en Nuestra Ensenada de 1890.

Rafael González Bartrina. Rafael González y Bartrina. Miembro del Seminario de Historia de Baja California y del Consejo de Administración del Museo de Historia de Ensenada A. C. rafaelgonzalezbartrina@gmail.com
 
 

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