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Oaxaca, cincuenta años después

Los momentos más difíciles de mi vida

  
También en Opinión/Colaboradores
Nota publicada el 2 de agosto de 2018
por Rafael González Bartrina

Estimados lectores, escribo esta breve reseña desde la ciudad de Oaxaca, Oaxaca. Una bella, ancestral, histórica y maravillosa ciudad.

Falta un poco más de un par de meses para cuando inicie el viaje de retorno a mi Baja California, jurando el jamás volver a poner un pie en esta parte del mundo. Si acaso en aquel tiempo exprese maldiciones, rayos y centellas, lo hice no superficial ni someramente, lo hice con la fuerza de mi vida y con las lágrimas de dolor y sufrimiento…Me explico:

Trabajando para el gobierno Federal en la Secretaria de Industria y Comercio como inspector de pesca, primero en la península de Baja California y después en el estado de Sinaloa, donde en 1968 puse al descubierto una serie de maniobras corruptas y criminales de alto nivel y como medida, que en aquellos tiempos operaba fui reubicado a Oaxaca, Salina Cruz, Puerto Ángel, Puerto Escondido, San Francisco Ixhuatan y la misma capital del estado, la ciudad de Oaxaca.

Con excepción de Salina Cruz en donde me desempeñé como inspector de pesca, en todas las otras localizaciones actué como jefe de la oficina local de pesca cubriendo vacaciones de los titulares. Todos los traslados y costos relativos deberían de ser cubiertos de mi propio peculio.

Cuando recibí ordenes de trasladarme de Salina Cruz a Oaxaca y cubrir la ausencia del jefe de pesca por un periodo de 2 semanas, salí de Salina Cruz con 14 pesos en mi bolsa, después de haber pagado mi boleto de segunda clase a la ciudad de Oaxaca.

La oficina de pesca en esta ciudad se ubicaba en la zona centro y ocupaba un pequeño cuarto de unos 12 metros cuadrados, tras el escritorio había una pequeña división con una manta donde había un camastro. Y nada más.

Y pasaron los días. Seis días sin comer, absolutamente nada, agua, y agua. Nada mas……

Un día, a media mañana, yo reposando, casi letárgico, llegó una persona, o ángel, quien buscaba información para un proyecto. Después de charlar por espacio de un par de horas, al despedirse, en un acto de cortesía me invito a tomar un café.

Salimos y después de caminar un par de cuadras llegamos a unos portales, hoy sé el nombre del lugar, Restaurant del Jardín, justo a un costado del Zócalo.

Unos maravillosos portales, con mesas y sillas, justo a la orilla de la banqueta donde la vista al parque con arboles majestuoso ayer y hoy, con un quiosco que se antojaba antiguo, como que había nacido viejo ya.

El mesero atento se acerca la mesa a pedir la orde. Mi benefactor ofrece “Cerveza o café”… 2 segundos, de consideración. La cerveza debe de ser mas nutritiva y menos irritante a mi vacío sistema digestivo con 6 días de esa abstinencia

Nos sirvieron un par de cervezas y un plato, de botana, con cacahuates, ajos y chiles tostados. Un manjar digno de reyes. Con sorbo de cerveza y un pequeño puñito de la preciada botana, la conversación fluyo por decenas de temas de minúscula importancia. Nunca mencioné mi precaria situación. Orgullo.

La platica se extendió hasta la media tarde. Siguió su invitación a comer. Mi misterioso salvador, cuyo nombre ignoro, que su cara y su persona fueron borrados por el tiempo, mas no el hecho. La cima y la sima. El día mas difícil de mi vida. El día mas esplendoroso de mi vida.

Unas semanas mas tarde en medio de la mas olvidada relación con el Gobierno Mexicano envié mi renuncia y jure, a casa vuelta de rueda a cada vuelta de hélice, a cada noche y por cada estrella jamás, de nunca, de eternidad, volver a tener hambre ni a pisar la tierra que me vio sufrir.

CINCUENTA AÑOS DESPES.

Rompiendo promesas. Este año decidimos Graciela y yo venir a Oaxaca y disfrutar 12 días en medio de las celebraciones anuales de la Guelagetza.

El primer lugar donde acudimos… a los portales del Restaurant El Jardín, justo enfrente del zócalo. Pedimos dos cervezas y nos sirvieron un plato con cacahuates dorados con ajos y chiles…… El tiempo no ha pasado….. Los árboles y el quiosco quizás un poco más viejos. Yo en realidad no odié a Oaxaca, nunca, fueron las circunstancias de aquel tiempo. Hoy recibo su cálido abrazo de bienvenida que me acepta como hijo ausente. Oaxaca, te quiero mucho por la lección inolvidable que me diste y por el reto que me impusiste. A partir de ese día aprendí mucho y olvidé más.

Rafael González Bartrina. Rafael González y Bartrina. Miembro del Seminario de Historia de Baja California y del Consejo de Administración del Museo de Historia de Ensenada A. C. [email protected]
 
 

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